Ir al contenido principal
La Habana, !oh! La Habana.
Quizás
siempre le temí un poco. La había visitado varias veces en mis años
estudiantiles y me parecía un desafío. Representaba un mundo inmenso por
descubrir, disfrutar, vivir. Cosmopolita, majestuosa, imponente, bulliciosa, repleta
de contrastes y oportunidades. La idea de desentrañarla me había pasado por la
cabeza antes, pero no me atrevía a materializarla. Hoy, algunos años después de
graduada, con una visión más aguda y más entendida en cuestiones de la vida,
estoy aquí, no como santiaguera desarraigada o soñadora en busca de nuevos
horizontes, sino como una profesional que ansía aprender, ampliar sus puntos de
vista, incorporar otras realidades y por qué no, probarse un tanto a sí misma
en una ciudad que te impulsa a seguirle el ritmo, a fundirte en sus paisajes de
matices diversos, a adentrarte en su laberinto de calles y gente, a crecer, a
no quedarte varada. Estoy en La Habana y aunque me sigue pareciendo
impresionante, inmensa, desafiante, me pierdo en sus historias, sus vistas, sus
puestas de sol, su clima cambiante, sus maravillas y también sus continuos
retos.


























Comentarios
Publicar un comentario